martes, noviembre 03, 2009
Safari fotográfico
De excursión por los polígonos nos encontramos con un frente de batalla. Los gigantes de hormigón contra la defensa de hojalata sobre ruedas.
miércoles, abril 01, 2009
LA EXTRAÑA INTIMIDAD QUE COMPARTO EN LA CIUDAD
Desde que me he ido a vivir a La Coruña estoy descubriendo un montón de cosas que seguramente para todos vosotros son algo cotidiano.

Todavía me sorprendo cada vez que oigo estornudar a la vecina con la claridad de alquien que lo hace justo tras tu espalda. Da la casualidad de que cada mañana al entrar en la cocina, no sé si es por la luz o la temperatura, estornudo tres veces y siempre tres, y me pregunto si también a los vecinos les da ganas de gritar ¡Salud! por el patio. Porque el patio, ese túnel vertical de comunicación, hace obligatoria la costumbre del cotilleo. Sube el olor desde las cocinas, (el del tercero está fríendo pimientos), se oye el aleteo de la ropa tendida (¿otra vez las sábanas de los del sexto? Si las lavan tanto es que las ensucian mucho, jejeje.), suben hasta mi ventana las conversaciones de los vecinos y los trinos del canario que (todavía no he averiguado de quien es el canario) cada vez que brilla el sol se deja la garganta para atraer a una hembra que nunca vendrá.
Oigo las cataratas del Niágara en el piso de arriba y luego el tronar de la cisterna. Baja un gluglú por la pared y me dan ganas de anotar las costumbres urinarias del chico (porque el sonido es tan nítido que sé que es el hombre por la altura de la catarata) para seguir un control sanitario de aquel que sé, que todos los días ve la televisión hasta las doce y cuarto más o menos, pero qué por otro lado, no sé su nombre.
Esta extraña intimidad vecinal, de saber a qué hora friegan los vecinos, de saber qué tipo de ropa interior usan porque la veo tendida (¡y como la tienden! Algún día saldrá a la luz la teoría de que viendo como la gente tiende los calcetines, se puede averiguar su perfil psicológico), de escuchar sus conversaciones sin haber visto su cara, de oír la música que todos los festivos pone alguien a mediodía, siempre el mismo cedé, ¡en ocasiones dos veces seguidas! Esto es tan extraño para mí que a veces me descubro a mí misma tendiendo la ropa en escala cromática para que al asomarse a la ventana vean reflejar la luz en arcoíris, y pensando en que el del cuarto sabe cuando llega Antonio a casa porque saca las zapatillas del mueble y las deja caer al suelo con un ¡Plas! que es como decir que ya está en casa, que ya no está sola la mujer esa que se inventa las letras de las canciones para que siempre traten de su gata o del de las zapatillas (Y encima ¡canta tan mal!)
Esta falta de secretos y horarios, es aterradora a la vez que mágica, incómoda y entrañable a un mismo tiempo, así que cuando hace calor, y los vecinos abren las ventanas del patio, oigo el aceite crepitar en la sartén del de abajo, una radio todavía más abajo, y el olor del pescado de los de arriba, yo abro mi ventana para que también el aroma de mis bizcochos se una a los demás olores y sonidos y siga patio arriba hasta subir al cielo por esta chimenea con cristales, y miro hacia el rectángulo de cielo esperando que los del helicóptero de Google Earth pasen en ese momento, y que hayan inventado una cámara novedosa que hace que al sobrevolar la ciudad, salga en la fotografía una columna de felicidad cotidiana elevándose desde todos los patios interiores de La Coruña.

Todavía me sorprendo cada vez que oigo estornudar a la vecina con la claridad de alquien que lo hace justo tras tu espalda. Da la casualidad de que cada mañana al entrar en la cocina, no sé si es por la luz o la temperatura, estornudo tres veces y siempre tres, y me pregunto si también a los vecinos les da ganas de gritar ¡Salud! por el patio. Porque el patio, ese túnel vertical de comunicación, hace obligatoria la costumbre del cotilleo. Sube el olor desde las cocinas, (el del tercero está fríendo pimientos), se oye el aleteo de la ropa tendida (¿otra vez las sábanas de los del sexto? Si las lavan tanto es que las ensucian mucho, jejeje.), suben hasta mi ventana las conversaciones de los vecinos y los trinos del canario que (todavía no he averiguado de quien es el canario) cada vez que brilla el sol se deja la garganta para atraer a una hembra que nunca vendrá.
Oigo las cataratas del Niágara en el piso de arriba y luego el tronar de la cisterna. Baja un gluglú por la pared y me dan ganas de anotar las costumbres urinarias del chico (porque el sonido es tan nítido que sé que es el hombre por la altura de la catarata) para seguir un control sanitario de aquel que sé, que todos los días ve la televisión hasta las doce y cuarto más o menos, pero qué por otro lado, no sé su nombre.
Esta extraña intimidad vecinal, de saber a qué hora friegan los vecinos, de saber qué tipo de ropa interior usan porque la veo tendida (¡y como la tienden! Algún día saldrá a la luz la teoría de que viendo como la gente tiende los calcetines, se puede averiguar su perfil psicológico), de escuchar sus conversaciones sin haber visto su cara, de oír la música que todos los festivos pone alguien a mediodía, siempre el mismo cedé, ¡en ocasiones dos veces seguidas! Esto es tan extraño para mí que a veces me descubro a mí misma tendiendo la ropa en escala cromática para que al asomarse a la ventana vean reflejar la luz en arcoíris, y pensando en que el del cuarto sabe cuando llega Antonio a casa porque saca las zapatillas del mueble y las deja caer al suelo con un ¡Plas! que es como decir que ya está en casa, que ya no está sola la mujer esa que se inventa las letras de las canciones para que siempre traten de su gata o del de las zapatillas (Y encima ¡canta tan mal!)
Esta falta de secretos y horarios, es aterradora a la vez que mágica, incómoda y entrañable a un mismo tiempo, así que cuando hace calor, y los vecinos abren las ventanas del patio, oigo el aceite crepitar en la sartén del de abajo, una radio todavía más abajo, y el olor del pescado de los de arriba, yo abro mi ventana para que también el aroma de mis bizcochos se una a los demás olores y sonidos y siga patio arriba hasta subir al cielo por esta chimenea con cristales, y miro hacia el rectángulo de cielo esperando que los del helicóptero de Google Earth pasen en ese momento, y que hayan inventado una cámara novedosa que hace que al sobrevolar la ciudad, salga en la fotografía una columna de felicidad cotidiana elevándose desde todos los patios interiores de La Coruña.
martes, marzo 17, 2009
lunes, enero 26, 2009
HENO DE PRAVIA
Hoy he ido al dentista. Otra vez.En la sala de espera había un señor bastante mayor hablando con otra chica. Cuando fue el turno de la mujer, el señor se dirigió a mí preguntándome directamente dónde vivía. El decírselo fue el desencadenante: Empezó a hablar y a contar un montón de cosas así que tuve que acercarme a él porque la voz me llegaba por el oído malo y además el pobre venía a arreglarse la dentadura porque le hacía daño así que se la había quitado y eso no ayudaba precisamente a que yo le entendiera mejor.
En cuanto me cambié de silla para ponerme a su lado me dijo que su mujer había muerto hacía tres meses y se quedó callado. Pensé que iba a llorar y noté esa presión detrás de los globos oculares que siempre noto cuando alguien llora cerca de mí, aunque sea detrás de la pantalla del televisor.
Le dije que lo sentía mucho y me miré a las manos.
Entonces, en medio de ese silencio compartido, me llegó el aroma a jabón Heno de Pravia que reconocería en el medio de una perfumería después de un terremoto; venía del señor, y se me dio por pensar que seguramente aún usaba la pastilla de jabón verde que había comprado su mujer antes de morir porque, estoy segura, si la hubiese comprado él, sería Magno. No Heno de Pravia.
jueves, enero 22, 2009
AMARENAS Y OTRAS DELICIAS
Cuando menos tiempo tengo para usar delante del ordenador, voy y abro un blog de cocina. Menudo desastre.
AMARENAS
AMARENAS
miércoles, diciembre 03, 2008
UNIVERSOS INFINITOS
Tengo la regla y hoy mientras arrancaba zarzas en la ribera de un río me encontré con un nido de pájaros abandonado y lleno de musgo y me sentí triste pero a la vez alegre. Después volví hacia casa por laberintos de carreteras llenas de curvas que cruzaban bosques de eucaliptos mientras escuchaba canciones de Nirvana a toda pastilla y de pronto algo largo, retorcido y rojo apareció en mitad de la carretera. Yo creí que era un amasijo de intestinos humanos ensangrentados pero resultó ser la corteza de uno de los eucaliptos húmeda por la lluvia y revuelta por otros coches que pasaron antes que yo. Llegué a casa y dormí la siesta abrazando a mi perra y cuando me desperté, ya no me dolían los riñones.
jueves, noviembre 13, 2008
ASNOS Y BURROS

Foto robada a Moisés Valera
Iba un hombre con su hijo y tras de sí un asno atado con una cuerda. Al pasar ante una de las casas salpicadas por el lugar, ven a dos hombres que estaban trabajando el campo y escuchan como comentan entre sí:
- Vaya par de tontainas, los dos a pie y el burro descansando.
El padre, tras oír aquello que sus vecinos hablaban, le dice al pequeño:
- Anda hijo, sube al jamelgo que estamos haciendo el tonto, tienen razón aquellos hombres.
Siguen sendero arriba, el niño subido al asno y el padre guiando delante con la cuerda en la mano, cuando vuelven a pasar ante un huerto donde una pareja de lugareños descansaba un rato de su ardua labor. El padre escucha como comentan, sin ningún tipo de disimulo.
- Vaya mal hijo que tiene ese hombre, que va como un señorito sentado sobre el burro, y deja al padre, que estará cansado de labrar la tierra, que vaya caminando mientras tira de ellos.
El hombre sin dudarlo, hace bajar al niño de su montura y pensando en lo poco que le gustaría que el pueblo entero piense que tiene un hijo egoísta y malo, se sube él al asno y deja al crío caminar delante de ellos. Así llevaban un rato cuando una señora que se cruza con ellos le dice sin cortarse un pelo.
- Caramba Andrés, desde luego, mira que te has vuelto perezoso. Pues mira que ir tú subido al asno y dejar que tu pequeño canse las piernas caminando por este pedregal. Mal padre, ¡Que eres un mal padre!
Consternado, el hombre coge al niño en volandas y lo sienta ante él sobre el lomo del pollino. Se alejan a paso lento y casi están llegando a su hogar cuando oyen al vecino que le dice a su mujer:
- ¿Has visto a Andrés? Menuda manera de abusar del burro. ¡Lo van a reventar!
martes, noviembre 11, 2008
EL REINO DE WAKANDA
Con los seis embalajes de las sillas de Ikea, un rollo de cinta transparente de embalar, un par de cuchillos, y un amigo con mucha paciencia, construímos una casa de cartón para Wakanda, nuestra nueva gata hiperactiva.
Una bonita vista de la fachada de la mansión
¡Me quejaré a la inmobiliaria!¡Una casa tan nueva y ya está llena de bichos!
¡Oiga usted!¡Esto es propiedad privada!
Una bonita vista de la fachada de la mansión
¡Me quejaré a la inmobiliaria!¡Una casa tan nueva y ya está llena de bichos!
¡Oiga usted!¡Esto es propiedad privada!
lunes, noviembre 03, 2008
DESPUÉS DE LA TORMENTA
Después de una semana de jornada laboral intensiva, el cielo se abre y vuelvo a tener VIDA.
jueves, octubre 09, 2008
WAKANDA
lunes, septiembre 29, 2008
sábado, septiembre 13, 2008
FELIZ CUMPLEAÑOS!
Ayer por la tarde pasé un buen rato en los viveros Brandariz y le compré un regalo de cumpleaños a la madre de Antonio. Esta mañana pude observar que además de haber comprado una planta ornamental, me he traído el hogar de un saltamontes un poco tímido, así que le he sacado un par de fotos y subo una aquí para que Helena pueda verlo. ¡Por si decide mudarse! (O en ese momento se ha ido a dar una ducha, porque vaya como se ha puesto de granos de polen, si hubiese más Hibiscos por aquí cerca habría una orgía de fecundación gracias a él)
lunes, septiembre 01, 2008
CANGAS Y EL VÉRTIGO
Todavía en Asturias nos zafamos de la familia para ir de excursión a Cangas de Onís, un pueblecito cercano a los Lagos y el santuario de la Virgen de Covadonga, rodeado del verdor de los Picos de Europa. El pueblo es famoso por el puente romano que cruza el río:
A pesar de ser una población bastante turística y llena de gente de visita, no puedes evitar de disfrutar de los paseos por sus calles. Lo mismo te encuentras una capilla construída encima de un dolmen (Capilla de Santa Cruz), que encuentras por casualidad un paseo fluvial tallado en la roca del río Sella. Este paseo lo hicimos casi a solas, exceptuando algún perro paseando a su amo y algún pescador que otro. Se ve que ningún turista se perdió tanto como nosotros ;-)

Como en la playa de las catedrales, también aproveché el zoom para sacar una foto a los lugareños en pleno disfrute de su horario laboral.
Un arquitecto desde un 5º:¡Mira mamá! ¡Sin arnés! ¡Y sin casco!

Como en la playa de las catedrales, también aproveché el zoom para sacar una foto a los lugareños en pleno disfrute de su horario laboral.
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